Diário de Leo

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Diario de Viaje 37
Leo F. Ridano
Jueves 8 de junio. Santiago de Compostela.

Preferí cerrar la peregrinación ayer, siete de junio, y hoy asistir a la misa de peregrinos.

Anoche fuimos hasta la oficina del peregrino a pedir la compostela. Nos sellaron por última vez las credenciales peregrinas y luego, escribieron mi nombre en latín en un papel llamado compostela. Ese, teóricamente, es el premio.

Pero yo sé que no es así.
No hay premio por vivir mi vida.

Luego caminamos lentamente hasta el café que está en la plaza de la Quintana, pedimos tres copas de vino e hicimos el último brindis con las chicas.

Hoy es 8 de junio. Mi cumpleaños. A las doce del mediodía está la misa de peregrinos. Calculo que es lo último que falta para dejar de serlo.

Fue un mes raro. Más bien 35 días muy extraños. Momentos durísimos, lindísimos y de todo.

El "buen camino" de la gente al pasar se terminó unos diez kilómetros atrás. Solo hubo hace dos días un "buena entrada" que me emocionó.
Santiago es lindísima, pero está muy acostumbrada a los peregrinos.
Y todo aquí son vieiras y más vieiras. Y él, Santiago, me mira desde arriba de la catedral.
Me siento bien.

Recuerdo aquel día en Roncesvalles, cuando el sombrero era nuevo y el bordón todavía tenía la arandela.
Son momentos muy lejanos.
Y fue demasiada el agua que corrió bajo mis pies, lavó heridas, me congeló, cargó y descargó mi energía, me alimentó y me empapó el andar.

Y sigo siendo humano. Un caminante con ochocientos kilómetros más a cuestas que le tiene mucho más respeto al título de caminante.

Y acá, en Santiago, todavía cruzo muchos peregrinos que llegaron hace días o que están llegando ahora. Los saludo. Pregunto si está todo bien, y me despido con un "buen camino".

A las doce voy a misa de peregrinos. Ahí nos dan la bienvenida a todos los que llegamos ese día o el anterior. diciendo: bienvenidos peregrinos desde Saint Jean: un argentino, brasileñosS Y sí, ese soy yo. Igual que cuando me despidieron en Roncesvalles hace más de un mes.

La misa fue simple. Una hermana cantó las partes que debían ser cantadas. Luego de la comunión el botafumeiro lució nuevamente sus dones y, finalmente, bendijeron nuestras cosas. Al no saber donde dejar mi rosario budista me lo quedé. Y fue bendecido. Parece que eso era lo que tenía que pasar.

Terminada la misa salí por la puerta del Obradoiro. Me encontré con las chicas, con Mónica, Paquita, Joaquín y Antonio, todos los de la noche de cantos de Ribadiso. Estaba también el esposo de Paca que la había ido a buscar.

Y hablábamos cuando surgió el hecho de una idea preconcebida. El himno a la Alegría.

Y todos, ante la puerta de la catedral, tomados de las manos lo entonamos y cantamos.

Un círculo, que cantaba por un camino, una canción universal.
Y terminó.
Y se disolvió el círculo.
Bajamos las escaleras, mientras resonaba en cada cabeza el último acorde del himno.

Treinta y cinco días de caminata me llevó entrar en Compostela.
E ir a una misa de bienvenida el día 8 de junio, mi 35º aniversario.

Un día de caminata por cada uno de mis años vividos.
Gracias Santiago.
Gracias San Leonardo.
Gracias Padres.

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y agrego un gracias más hoy.
Gracias a ustedes por haber leído estas experiencias.

saludos
y como siempre

Buen camino!!!!

Leo Buenos Aires, Argentina
  
Enviado por Leo F. Ridano
 
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