Diário de Leo

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Diario de Viaje 29
Leo F. Ridano
Miércoles 31 de mayo. Villafranca del Bierzo - Ruitelán.
Etapa 28: 20,6 km.

St. Jean - Ruitelán: 611,9 km.
A Santiago: 162,4 km.

A las cinco de la mañana me despiertan los ruidos de la habitación pero logro dormirme nuevamente. A las cinco y diez lo hacen nuevamente, yo tengo una sed de los mil demonios pero me duermo otra vez. Cada diez minutos me despierto por los chiflidos, gritos y quilombo que está haciendo la gente que se va. A las seis prenden las luces, una de ellas a un metro mío. Miro a las chicas tienen otra a diez centímetros de sus caras y pienso que no me va tan mal, igual bajo a buscar un vaso de agua con toda la intención de volver a dormir. Una vez en el bar veo a la esposa de Jato y le digo: ­ Disculpe, ¿puedo servirme un vaso con agua? ­ Pero joder!!, ¿quiénes se creen que son? ¡son las seis de la mañana, y están haciendo ruido desde las cinco!!!, Joder!!!S ­ Espere, espere, doña. A mi también me despertaron, quiero un vaso de agua y preguntarle donde está la perilla de la luz para apagarla porque los muy cabrones la prendieronS ­ Ahp, tome, es que no se puede vivir así. Todos los días están haciendo ruido desde temprano, pero como hoy jamás había pasado. ¿No se dan cuenta que todavía es de noche? ­ Café, café!! ­dice un francés en un gutural español, a lo que la señora le responde con un rosario de puteadas realmente sorprendente, entre ellas, que habían arreglado el día anterior que el café recién estaría listo a las seis y media­. ­ Ven que te muestro donde apagas la luz. ­ Gracias ­y la sigo­.

Al llegar al cuarto, ella apaga la luz y yo entro. No pasan diez segundos que un español me putea porque le apagué la luz y, no resistiendo más la situación lo mando a cagar. Discutimos un ratito, él argumentando que los demás hicieron todo con luz, porque ellos no pueden hacerlo igual; yo explicándole que porque los grasas franceses hicieran boludeces, él no tenía que imitarlos, que se relaje, se tire a dormir y se deje de hinchar las pelotas de una vez. No le doy más bola, así que él vuelve a encender la luz. Las chicas lo putean, otro de la cama abajo mío también, y una brasileña dice: "que tristezaS" Para que una brasileña diga eso la cosa debe estar realmente mal. Acotamos unas cuantas boludeces e intentamos dormirnos otra vez.

Imposible. A las ocho finalmente bajo y desayuno con los que quedan en el albergue, todos quejándose del quilombo de esta mañana. Mi malhumor y el de las chicas es bastante visible, también el de la esposa de Jato y la resignación de Angel. Me molestó aún más cuando vi la pila de mochilas en el rincón de la computadora apagada. Joder!, no solo hinchan las pelotas para salir corriendo temprano, sino que además van a ir sin pesoS y Angel me dice; mira, como está la cosa ellos van a llegar tres o cuatro horas antes que las mochilas. Tanto el desayuno como el armado de equipaje, lo hago mirando de reojo al ex-hospitalero. Angel está muy preocupado por eso y se la pasa preguntándome dónde está y qué está haciendo arriba. Pero finalmente salimos, tipo nueve y media. Cruzamos el puente sobre el río Burbia y nos pegamos a la carretera repleta de camiones, autos y la obra de la nueva autopista que une los Pirineos con Santiago. La otra variante, por la senda, significa un ascenso terrible que no tenemos ganas de enfrentar; ésta, en cambio, sin subidas ni bajadas, va bordeando el río Valcarce durante todo el día, desgraciadamente también bordea la carretera todo el día. Los paisajes son realmente impresionantes, cada vez que la ruta cruza el río le ponen un cartel marrón que dice: "Río Valcarce". Me canso de ver el cartel, pero con solo mirar a la izquierda y ver todo ese río que viene de más allá de Ruitelán, me inspira para seguir. Paramos en Trabadelo, pasados unos 12 km. de Villafranca a comer un bocadillo y tomar algo; luego seguimos tranquilamente entre valles, montañas y con el Valcarce a contra corriente entrando en el valle del Bierzo. Cada pueblo que pasamos es más lindo que el anterior. Dos kilómetros antes de Ambasmestas, donde confluyen dos ríos en ángulo recto, la nueva ruta nacional se desvía dejándonos en la vieja carretera por la que ya no pasan casi autos. Así que finalmente quedamos tranquilos entre el río, las montañas y el paisaje. En Vega de Valcarce ­donde se detendrían todos los que no suben al Cebreiro hoy­ paramos una hora para comer algo, sacarnos las botas y zapatillas y descansar mirando el bosque, el río Valcarce y la montaña de atrás; luego si, hacemos los últimos dos kilómetros hasta Ruitelán.

El albergue "pequeño Potala" está ahí. Luis y Carlos, los hospitaleros, duermen la siesta. Cosa que logro interrumpir perfectamente en mi búsqueda de más habitaciones para peregrinos. El escritorio de entrada está lleno de fotos del Dalai Lama, cosas orientales y citas ­incluso una de las ruedas de oración de McLeodGanj, donde actualmente reside el Dalai Lama en India­. Me encanta. En eso viene Luis, nos anota, sellamos, y le hace una prueba a Caro para ver que remedio homeopático le puede ayudar mejor con los dolores ­el pie anduvo perfecto todo el día, pero por las dudas­. Le apoya el remedio en el esternón y le bajó el brazo que ella había levantado para el costado. Según lo que va poniendo, cambia la fuerza de resistencia del brazo, con lo cual el cuerpo dice si es lo que necesita o no. Obviamente me quedo tan asombrado que hace la prueba conmigo: pone banana, manzana, tinta y pimienta; la banana y la manzana andan excelente ya que resisto mucho más que sin nada, en cambio las otras dos me matan. Lo que se siente es que no tengo un gramo de fuerza más para sostener el brazo horizontal. Desde ya que imagino que esto pasa porque me hizo las pruebas antes, pero no, porque vuelve a poner la manzana y volvemos a intentarlo. La fuerza vuelve como por arte de magia. Realmente extraño. El refugio entero me cambia el estado de ánimo. Se respira tranquilidad y paz; hay carillones, piedras transparentes por todos lados, pinturas con mantrasS Me ducho, lavo lo mínimo y voy con las chicas hacia el río. Hacemos Tai-Chi los tres y luego vamos a meter los pies en el agua. Casi se nos congelan. Tratando de arreglar no se qué en la mochilita meto el brazo en unas ortigas, me agarró una irritación que me duró dos días. Luego volvemos y hacemos unos mates mientras escribimos; Carlos, hace la cena, y Luis busca yuyos vaya uno a saber para qué. Realmente se respira un ambiente de paz. En el refugio están ellos dos, nosotros tres, y dos peregrinos más ­un francés y Mónica, española de Logroño­. Un verdadero placer estar casi solos en un refugio luego de la noche en Villafranca. Carlos nos llama a comer. De fondo suena un jazz perfecto. La entrada es Gazpacho, luego pollo con patatas ­había que pegarle al francés para que no se coma todo­ y de postre natillas. Todo acompañado con vino tinto, blanco y agua. Durante la cena Luis nos regaló a cada uno una tarjeta con el sello del "pequeño Potala" y un trébol de cuatro hojas pegado. Nos quedamos haciendo sobremesa por un rato hasta que de a poco se van yendo todos a dormir. Yo me quedo charlando con Luis, que está en la cocina. Hizo el camino dos veces: la segunda fue luego de soñar durante quince días con eso; me contó también como flasheó al salir del Bierzo y cómo eso fue lo que lo determinó a hacerse hospitalero. Lo pensó un tiempo y decidió empezó a buscar lugar; habló con Tomás ­el hospitalero de Manjarín­, con Jato y otros, y salió a buscar. No encontró nada por Galicia ­cerca de Cebreiro­ ni por el Bierzo. Cada vez que pasaba por Ruitelán veía la casa ­que hoy es el refugio­ con un cartel de "se vende". Al no quedar otra opción decidió parar y preguntar: el dueño ­que vivía en Francia­ justo estaba de visita así que pudieron hablar un rato, luego en vez de volver a Francia se iría un tiempo a Barcelona por trabajo. Y sí, lógico, Luis es de Barcelona. Siguieron charlándolo allá y finalmente se concretó, una hermosa y casi derrumbada casa que día a día se va levantando un poco más. Hace ya un año que está instalado aquí y me contó que tiene sus momentos difíciles, pero que realmente disfruta cuando ve que puede juntar todo lo que sabe de Reiki, masajes, interpretación de sueños y otras cosas que antes, en el bar que tienen con Carlos en Barcelona, de nada servían. Actualmente pusieron en venta el bar. En la charla surge nuevamente un dicho que alguna vez había escuchado pero no recordaba: "El Camino no termina en Santiago, sino que ahí empiezaS" También hablamos del fluir, del sentir, de los designios de la vida; de la disolución energética del Tibet, el crecimiento energético de Teotihuacán y cómo el Camino de Santiago es el medio de los dos. Me contó de lamas que hacen el Camino o que están en México y de brujos de allá que andan por Tibet o en Santiago. Una extraña unión entre el Dalai Lama, Castaneda y ­creo que­ un alto funcionario del catolicismo de Santiago de Compostela.

Finalmente me voy a dormir. Una de esas noches donde uno se babea de lo bien que duerme y de cómo descansa.
 

Enviado por Leo F. Ridano
 
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