Diário "Esa Extraña Pareja"

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01-06-2002 Etapa 7 Navarrete - Azofra
Jaime Figueras e José Mari
La mañana amanece neblinosa pero cálida. A cuatro o cinco Km. y al coronar el Alto de San Antón, aparece la Flecha Amarilla. Entre la niebla, la flecha aparece acompañada del consabido montón de piedras que en esta ocasión se mantienen en un equilibrio francamente inestable. Tomo lo que para mí será la mejor foto del Camino y que he incluido en la portada.

A la entrada de Nájera me topo con el escrito sobre el Camino al que hago mención en el prólogo y que incluyo al final.

Dejo Nájera no sin antes desayunar en el mismo bar donde hace dos años Alex los interpeló por el alto precio de la jarra de cerveza.

Tomo exactamente lo mismo y conservo el comprobante que donaré a Alex el día de su aniversario.

La llegada a Azofra es calurosa y lo primero que hago es tomarme la consabida cerveza que en este caso es la segunda del día. El bar está fresco pero la plaza hierve. Parece mentira el cambio tan brusco de temperatura.

El albergue está junto a la iglesia y es de lo más cutre y pequeño. Sin embargo esta limpio y cuidado gracias a su hospitalera María.

Cuando salgo de la ducha oigo voces familiares. Es el amigo Fernando que está organizando una paella de verduras que cocinará Roser, peregrina valenciana que acaba de conocer. Al decirme si quiero apuntarme lo hago gustosamente pero el me advierte que hemos de colaborar en metálico, lo que me parece más que razonable añadiendo yo que ya que ella cocina, seamos nosotros dos los que paguemos. Resultado: Una paella riquísima, ensalada, fruta y vino por el increíble importe de 3.30 Eu. ¡Los tres!

La tarde pasa tranquilamente y asisto a la Misa vespertina ya que es sábado.

Por la noche se monta una cena comunitaria (más de 15 peregrinos) que pagamos a escote (2 Eu.) y que resulta muy agradable.

Los peregrinos rezagados dormirán con colchonetas bajo el porche de la iglesia lo que no está nada mal ya que la tarde es templada y la puesta de sol a la que mira el porche es maravillosa.

Verdaderamente esta vida comunitaria en albergue pequeño y poco frecuentado es algo que no disfrutamos hace dos años y que vale la pena. Creo que he llegado a ello sin saberlo pero motivado por la improvisación de las etapas. Decido seguir esta política y al final comprobaré que el resultado no ha podido ser más satisfactorio.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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