Diário "Esa Extraña Pareja"

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30-05-2002 Etapa 5 Los Arcos - Viana
Jaime Figueras e José Mari
Sigo con la política de frenar por lo que decido parar en Viana ya que por otro lado me atrae el recuerdo del cogote de merluza que comí en casa Armendáriz en el 2000.

El tiempo sigue siendo bueno y la temperatura ha mejorado con lo que el forro no sale de la mochila.

Me paro en Torres del Río a admirar nuevamente su iglesia Octogonal Templaria.
Como hay unas peregrinas ibicencas a la espera de la llave para visitar su interior, intento lucir mis conocimientos (facilitados por Alex) y les explico el significado de la torre que según parece se empleaba en al Edad Media como faro para orientar a los peregrinos tardíos. Pero mi éxito oratorio es efímero ya que una peregrina italiana rebate mis argumentos y me hace ver que Torres del Río está en una hondonada y que los faros se ponen en sitios altos. Bien pensado debe de tener razón pues antes de llegar he confundido Sansol, la población anterior, con la mencionada ciudad.

Sigo mi camino no sin antes desayunar en un bar templario muy bien puesto y que no existía hace dos años. Como dice JMA: España va bien.

Al poco rato adelanto a Ana la brasileña que a pesar de la buena temperatura va con anorak y guantes. Todos los brasileños son iguales. Me gustaría hacer el Camino en invierno y ver como van vestidos. Es decir, si los hay en esta época.

Llegando a Viana paso junto a una choza de piedra seca y me llevo un susto mayúsculo pues al pasar justo ante la puerta me sale algo a cuatro patas y yo casi salgo corriendo. Descubro sin embargo que la aparición es un peregrino francés que ya había conocido y que estaba haciendo la siesta aprovechando la sombra del interior. Me ha oído pasar y ha salido precipitadamente para pedirme que le tomase una foto, lo que hago gustosamente aunque no sé si habrá salido movida dada la alteración de mi pulso.

Llego relativamente pronto a Viana y me instalo en el albergue que afortunadamente está con poca gente, dada la hora. Siguen con las horribles literas de tres pisos que dan vértigo y exigen casi cinturón de seguridad.

Duchado y aseado me dirijo a Armendariz e instalado en una mesa me cantan el menú del peregrino. Tímidamente digo que deseo un cogote de merluza y entonces con misterio la camarera me pide que la siga. Así lo hago, pensando que quizás he utilizado una contraseña especial que da acceso a alguna mercancía prohibida. Llegamos al sótano y lo que descubro es que me ha llevado a la zona de sidrería (sidra a gogo) donde se come a la carta lo que compruebo al ver los enormes chuletones que estaban consumiendo unos comensales tempranos.

Me instalan junto a la bota de sidra e insisto con mi deseo del cogote. Momentos después regresa la camarera con cara de circunstancias para decirme que no tienen. Supongo que mi cara refleja lo que pienso pues al verme tan afectado me pregunta si tengo prisa a lo que contesto que no; que soy un peregrino a Santiago que ya acabado su jornada, se ha duchado y que deseaba el mismo cogote de hace dos años.

Me contesta que en este caso no tengo porqué preocuparme pues ella misma se encarga de ir a la pescadería para traer la mercancía.

Me sorprendo ante tal amabilidad y como me ha prevenido que tardaría una media hora me instalo con mis apuntes de la etapa y como no, dándole a la sidra que pasa muy bien y es fresquita.

El cogote llega a tiempo y hay que decir que está riquísimo pero yo ya llevaba más de un litro de sidra entre pecho y espalda que sumado a lo que bebo con el cogote y el hojaldre de crema que tomo de postre, debe dar una cantidad respetable.
Lo que compruebo personalmente, pues mi regreso al albergue, afortunadamente cercano, me cuesta muchos mas esfuerzos que a la ida y además bajo la mirada de sorpresa de los peregrinos que me habían visto bajar al sótano.

Posiblemente estarán pensando que, efectivamente, me habían acompañado al departamento de mercancías prohibidas.

Ni que decir tiene que la siesta se alargará y que la cena será un yogur y un plátano, que como todo el mundo sabe, es lo mejor para los calambres.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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