Diário "Esa Extraña Pareja"

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29-05-2002 Etapa 4 Estella - Los Arcos
Jaime Figueras e José Mari
Hoy la etapa es algo más corta. Lo he decidido así porque en las anteriores me he excedido y aún falta mucho hasta Santiago. Sigue haciendo fresco lo que por otra parte ayuda a caminar.

En Irache paro a fotografiar la fuente del vino que en este momento, las 7h,aún no funciona. Sigo pues mi camino hasta que unos peregrinos me gritan y dicen que ya hay vino a gogo. Como este artículo no es mi especialidad, no regreso.
Más adelante, en Navarrete, Fernando el de Madrid nos contará que unos franceses "Mamones" (sic) habían llenado tres botellas de Coca-Cola de 2 lts. aprovechando la ocasión.

Algo más allá, en Monjardin, decido descansar en la fuente medieval y admiro su estructura. Me dedico a ver pasar a los peregrinos. Todo el mundo va a su aire.
Pasan unos alemanes no demasiado jóvenes a tal celeridad que posiblemente lleguen antes a destino que los propios ciclistas, que a alguien le ha dado en llamar "bicigrinos". Indudablemente su aceleración no les permite observar la preciosa fuente y supongo que para ellos sólo cuenta el crono. No saben lo que se pierden.

Llegando ya a Los Arcos adelanto a un peregrino que me gana en edad y que va renqueante. Intento darle ánimos pero lo que me dice es que había hecho ya el Camino en bicicleta y ahora probaba a pie pero que dada su situación sólo pensaba en llegar al pueblo para llamar a su casa y esperar allí que le enviasen de nuevo la bicicleta. No le contesto pero para mis adentros pienso: ¿A ver si aún tendrá razón Jose Mari?

Entrando en Los Arcos me dicen que hay un nuevo albergue particular. Después de la agradable sorpresa de Uterga decido probar. La dueña que tiene un comercio-colmado en la planta baja es bastante simpática. La habitación de literas es confortable pero ahí se acabó todo.

A poco llegan los andaluces que se instalan junto a mí. Luego y desde las duchas oigo protestas enérgicas de su parte. El agua caliente se ha acabado, las puertas no cierran y el agua casi circula por el pasillo. Yo que me había duchado en solitario no me percaté de todos los inconvenientes, que por otra parte eran reales. Otra vez: Quien madruga Dios le ayuda.

El mayor del grupo llega a la habitación preparando ya no sé cuantas denuncias.
Por su aspecto y autoritarismo parece un militar retirado cosa que de cualquier modo no compruebo. En Azofra y en un albergue privado que yo afortunadamente no utilizo, repetirá el número.

Como final diré que la comida que había encargado para no salir a buscar fuera, resulta bastante incomible, lo que hace que por la tarde me tengo que ir a un bar a tomarme unos huevos fritos que por cierto estaban muy buenos.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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