Diário "Esa Extraña Pareja"

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27-05-2002 Etapa 2 Larrazoaña-Uterga
Jaime Figueras e José Mari
Sigo madrugando. A pesar de la lluvia de ayer, el día es magnífico aunque fresco, lo que invita a apretar el paso.

Resultado: Desayuno en Villaba muy cerca de Pamplona y a las 11h estoy en Cizur Mayor en casa Roncal. Como es lógico, no hay nadie y en vista del buen tiempo y fresco ya que sigo con el forro puesto, decido saltarme el programa establecido y seguir hasta el Alto del Perdón para allí tomar una decisión.

Tras un momento de despiste debido a obras a la salida de Cizur, logro recuperar la Flecha Amarilla y me dirijo al Alto. Mientras subo recuerdo que en Larrasoaña me han dicho que en Uterga, primer pueblo despues del Alto, se acaba de abrir una casa rural que admiten peregrinos por lo que decido que éste sea mi final de etapa.

Llegado al Alto encuentro a dos peregrinas alemanas que están descansando. Una de ellas habla perfectamente nuestra lengua ya que resulta que nació en Barcelona. Allí aparcada hay una desvencijada caravana propiedad de un inglés que según me explica se dedica a ayudar a peregrinos con problemas. Para confirmar lo dicho me ofrece café con leche y unas galletas que acepto gustoso pues no he comido aún. Tras una larga conversación en inglés, se dirige a otro peregrino en un castellano más que correcto y al preguntarle yo me indica que desde que se jubiló vive con su caravana en Rosas pero en primavera se dedica a recorrer el Camino por Navarra y Rioja prestando ayuda. Supongo que estos servicios le dejarán alguna que otra propina con lo que yo dejo mi aportación en una bandejita que tiene junto al azúcar del café. Para mis adentros lo bauticé con el título de Buen Samaritano inglés.

Inicio el descenso y sólo entrar en Uterga pregunto por la casa rural y se me contesta con evasivas. Al insistir me dicen que de todas formas no reciben peregrinos y además no tienen los permisos en regla. Contesto que yo lo único que he pedido es la dirección y que el resto ya lo aclararé en persona y así consigo que a regañadientes me indiquen el camino, lo que por supuesto no me sirve para nada ya que no encuentro la casa. Envidias pueblerinas.

Ya decidido a seguir caminando, para junto a mí un taxi que lleva a peregrinos "cansados" y resulta que sin saberlo estoy frente a la tan buscada casa. Entro con los alemanes y a la vista de lo que veo y de la simpatía de su dueño, Fernando Sanmartín, decido quedarme como fin de etapa.

Fernando me ofrece una cerveza y mientras bebo le explico lo que me ha sucedido con lo que monta en cólera y sin decir más me sube a su coche y vamos hasta la plaza donde me hace identificar a los paisanos que me habían "informado". No sé como acabó la cosa pues afortunadamente salí de madrugada rumbo a Estella. Eso sí: la colaboración me valió dos cervezas más de propina que
no hubo manera de pagar.

Para corresponder salgo a la calle y me dedico a informar a los peregrinos rezagados de las excelencias del lugar. Logro cuatro fichajes, uno de ellos canadiense que en agradecimiento me regala el pin con la bandera canadiense que llevo en mi sombrero de peregrino que me trajo Yago precisamente del Canadá el verano pasado.

Me toca la mejor habitación de la casa. Cama de matrimonio para mí solo y una decoración de lo más kitch. El único inconveniente es que para ir al servicio hay que atravesar la capilla de la casa, llena de imágenes, lo que en paños menores da un cierto reparo.
La ducha es divertidísima pues han aprovechado un antiguo lavadero con el expeditivo sistema de romperle en parte uno de sus lados para evitar así que el usuario tenga que saltar a su interior con el consiguiente riesgo físico. Eso sí: Todo el artefacto está pintado de un precioso verde hierba y el agua caliente funciona a la perfección.

La cena es de lo más simpático, sopa de ajo, tortilla de patatas y ensalada de la tierra. Todo ello servido por el propietario y cocinado por su esposa a la que desgraciadamente no vemos para poder darle las gracias.

Los alemanes y canadienses están entusiasmados. Tanto es así que días más tarde, al encontrar al canadiense pernoctando en peores condiciones, le recuerdo Uterga y su respuesta literal es: "Oh! It was really a magic night".

Me retiro pronto dejando a los otros con su vino y con Fernando.

Mañana será otro día.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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