Diário "Esa Extraña Pareja"

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26-05-2002 Etapa 1 Roncesvalles - Larrazoaña
Jaime Figueras e José Mari
El nerviosismo de la primera noche hace que me despierte muy pronto y casi sin darme cuenta voy caminando por el hayedo casi sin ver pues aún no ha amanecido. Mi paso es excesivamente rápido. Me doy cuenta que al ir solo, sin querer te vas acelerando.

Por fin amanece y paso Espinal, donde desayunamos en el 2000, sin posibilidad de hacerlo ya que está todo cerrado.

Creo que finalmente desayuno en Lintzoain en un pequeño bar que no recoge ni la guía. Con la euforia de la primera etapa me dedico a ensalzar a la dueña las excelencias de la campiña navarra pero rápidamente tengo que cambiar de tema pues la susodicha está de peor café que el que me acaba de servir y únicamente me sugiere que vaya en invierno.

Una vez mal desayunado continuo con más ánimos si cabe pero al tras un par de Km. el café me hace efecto, tal como por experiencia saben los de los miércoles, y como voy preparado me instalo junto al prado y tras unos bojes para evitar miradas indiscretas. Pero en el momento culminante aparece una preciosa vaca que con curiosidad viene a observarme y casi me tumba con mi cinturón a la altura de mis rodillas. Ante la imposibilidad de salir corriendo opto por defender mi integridad con mi bastón telescópico de esquí que afortunadamente había utilizado de noche y que tenía a mi alcance. Por suerte la operación da resultado y tras ahuyentar al rumiante consigo colocarme el cinturón y lo que éste sujeta en su sitio y seguir mi camino no sin antes dirigir una mirada furtiva a los alrededores por si mi maniobra había sido avistada por algún peregrino madrugador.

Llego tan pronto a Larrasoaña que nadie se cree que vengo de Roncesvalles.

Debo de comer antes de instalarme en el albergue pues aún está cerrado y cuando regreso empieza a llover. Premio al madrugador.

Como el Mundo es pequeño conozco a un matrimonio de Hannover que conocen al prof. Samii, el cirujano iraní que me operó en el 89. No los vuelvo a ver en el Camino pero con sorpresa y al salir de la catedral de Santiago, veo que me saludan y además me toman una foto y me preguntan mi edad, lo que en este caso es un piropo.

A media tarde deja de llover y como peregrinos caracoles vamos a fotografiar el consabido puente. Allí encuentro a un padre y una hija de Barcelona que me disparan la máquina. Entablamos conversación, tengo que cambiarme de lado para oírlos y siguiendo el consejo de mi hijo Nacho les explico los motivos y me extiendo sobre el tema de Hannover. Al acabar veo que la mirada de la hija, unos 28 años, se humedece y el padre me explica aparte que precisamente están haciendo una semana del Camino como evasión pues resulta que desgraciadamente tiene una dolencia parecida a la mía y la tienen que operar al regresar a Barcelona.

Pido excusas por haber hablado demasiado pero al final pienso que esta casualidad le puede servir de aliciente al ver mi afortunada recuperación. No los vuelvo a ver y espero que su problema se haya solucionado perfectamente.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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