Diário "Esa Extraña Pareja"

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Día 25. Santa Irene - Monte do Gozo
Jaime Figueras e José Mari
Como la etapa de hoy es muy corta nos levantamos a las siete, sin prisas. Desayuno muy cuidado, incluso nos dan zumo de naranja. Hace un día espléndido y la temperatura es suave. Jaime ha preferido llegar hoy a Monte do Gozo y mañana, tranquilamente, darnos un corto paseo hasta Santiago para llegar con tiempo sobrado a la misa del peregrino.

Como en estos últimos días el camino es un continuo subir y bajar colinas a través de grandes bosques de eucaliptus. Pasado Arca paso por la última corredoira y, como lo sé porque lo he leído en la guía, la recorro muy despacio para saborearla al máximo. Me paro en San Paio a tomar una sidra mientras espero a Jaime. En el bar está el americano del que Jaime ya me ha hablado que, a consecuencia de un accidente, lleva una pierna ortopédica, le falta un brazo y tiene la cara como un mapa.

Después de dejar atrás las balizas del aeropuerto llego a Labacolla en cuyo río los peregrinos lavaban sus cuerpos y sus ropas para presentarse ante el Apóstol en un mínimo estado de revista. Jaime, fiel a la tradición, se remoja los pies, lo cual siempre es de agradecer. . . Alex ya me entiende.

Siguen el día soleado y la brisa fresca de la mañana. Empieza la subida al Monte do Gozo, la última subida del Camino. Es una subida sobre asfalto sin ningún atractivo. Al llegar al cartel indicador de todos los servicios del complejo me paro a esperar a Jaime. Desde lo alto de esta colina los caminantes medievales veían por primera vez las torres de la catedral de Santiago. Genuflexos y llorosos entonaban cánticos en agradecimiento por haber llegado sanos y salvos después de tan peligroso viaje. (Guía El País - Aguilar ).

Jaime, unos cientos de metros antes del cartel indicador, se ha desviado hacia el centro del complejo y desde allí me llama preguntándome donde demonios estoy. ¡ Estos pequeños errores de conexión le siguen poniendo muy nervioso ¡

Actualmente Monte do Gozo se ha convertido en un centro de acogida de peregrinos, estudiantes, turistas etc. a base de pabellones numerados, cafetería, restaurante selfservice, tiendas de souvenirs etc.

Comemos en el selfservice y nos tumbamos bajo unos pinos para comentar la etapa de mañana..Vemos llegar dos matrimonios jóvenes con hijos, uno italiano y otro vasco, éstos en bici. Las caras de los chicos y chicas lo dice todo, están exultantes por haber conseguido llegar al final de la aventura. Es una experiencia que recomendaría a mis hijos.

Decidimos celebrar esta penúltima etapa yéndonos a cenar, "sin reparar en gastos", al restaurante Susos. Rodaballo, solomillo y una botella de Ribeiro a añadir al tanque de cerveza inicial. Veo a Jaime eufórico, le brillan los ojos. El orujo con el postre remata la faena. ¡ Jaime está cambiando ¡. Se lo he de contar a Alex.

Sueño reparador en el pabellón nº. 21.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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