Diário "Esa Extraña Pareja"

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Día 24. Melida - Santa Irene
Jaime Figueras e José Mari
Cielo cubierto. Desayunamos un excelente chocolate con churros recién hechos en un bar del pueblo. Es cómodo no tener que preocuparte del desayuno. Empiezan los grandes bosques de eucaliptos alternando con los robles y castaños autóctonos y continúan los toboganes. Alcanzo a Maribel que va muy mal de pies y la acompaño un rato. A media mañana sale el sol y entra un fuerte viento del NE que no cesará en todo el día.

Voy vadeando pequeños ríos por las losas de piedra colocadas estratégicamente. Me paro a esperar a Jaime en Ribadiso de Abaixo, bucólico pueblecito a orillas del río Iso. Llega la señora de pelo blanco, muy agradable y educada, que una vez me comentó que le hacía falta engrasar las bisagras de las rodillas. Resulta que su hermana y su cuñado se han equivocado en un cruce y tiene que esperarles.

Sigo hasta Arzua donde compro la prensa y después de comprobar que el mesón La Esquipa de Salceda está cerrado por descanso semanal retrocedemos hasta un bar muy cutre para picotear queso y jamón. Después de una corta siesta al sol reanudamos la marcha y llego al Alto de Santa Irene.

El refugio de Esther Calvo, su propia casa, es muy acogedor y está puesto con muy buen gusto. Cenamos con Jordi y Montse, una joven pareja de Reus, y un trío de francesas. Menú del día: Sopa vegetal y merluza con patatas. Esther nos confiesa que hace años que mantiene el mismo menú para no complicarse la vida Después de cenar pasamos al salón y Esther enciende la estufa de leña Nos sentamos en sofás, lo que no habíamos hecho desde Boadilla del Camino

Disponemos del altillo para nosotros solos. Me duermo pensando que ya solo quedan dos etapas y empiezo a entender lo que nos dijo Valero en Portomarín.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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