Diário "Esa Extraña Pareja"

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Día 19. Vega de Valcarce - O Cebreiro
Jaime Figueras e José Mari
Etapa corta pero mítica. Desayunamos abundantemente en el mesón Las Rocas y bajo una persistente llovizna que me obliga a vestirme de aguas empiezo el suave ascenso hasta Las Herrerias por la pequeña carretera comarcal que transcurre por el fondo del valle.

A la salida de Las Herrerías están los mojones que indican las dos rutas; la de los caminantes y la de los ciclistas. Los caminantes suben por las corredoiras, típicos caminos de vacas, y los ciclistas por la minúscula carretera local en continuo zigzag. La diagonal de uno de los últimos zigzag es tan larga y en dirección contraria al Cebreiro que me hace pensar si me he equivocado. Por fin llega la deseada curva cerrada a izquierdas y respiro tranquilo.

Desde Las Herrerías hasta O Cebreiro me envuelve una niebla espesa que si bien hace el ascenso más misterioso me impide disfrutar de la belleza que sin duda debe tener este paisaje. La soledad y el silencio son absolutos. En todo este tramo no me encuentro con ningún coche que suba o baje. Pedaleo duro en "reductora" mientras pienso en lo bien que se debe subir sin alforjas.

Llego a Laguna de Castilla, último pueblo de León, y me paro a esperar a Jaime tal como hemos convenido. Casi al mismo tiempo llegan el madrileño de gafitas y su amigo y me dicen que Jaime va detrás de ellos. Espero mas de media hora y empiezo a dudar de lo que me han dicho pues Jaime siempre sube como una moto. Efectivamente Jaime me cuenta después, al encontrarnos en el Cebreiro, que les ha pasado al principio de la subida y no se han dado cuenta. Estaba tan preocupado que a punto ha estado de bajar buscarme. Mientras le esperaba he podido ver la salida de las vacas hacia los pastos y fotografiar uno de los pocos hórreos-palloza de madera que se conservan.

Ya estamos en Galicia y sigue la niebla muy espesa. Jaime me invita a tomar el típico queso del Cebreiro con miel en la Venta Celta de Irene Alkorta. Me convenía pues del desayuno ya no me queda ni una caloría. Nos instalamos cómodamente en nuestra lujosa habitación doble con baño y después de sellar la credencial en la iglesia prerrománica y pasear un rato por el pueblo fantasmagórico volvemos a la Venta dispuestos a reponer las fuerzas que hemos gastado esta mañana.

Está Manolo, el vasco, que como siempre nos suelta su batallita gastronómica. Menú : caldo gallego con grandes trozos de lacón y tortilla de patatas con ensalada. Repetimos de todo. Para postre, tarta de Santiago "con gotas", es decir, navegando en orujo blanco y terminamos con un carajillo de orujo. Al salir, Jaime le encarga a Irene una queimada para la noche.

El elevado nivel de alcohol en sangre hace que Jaime duerma una siesta soporífera hasta bien entrada la tarde. Salimos otra vez a pasear. El pueblo sigue tomado por la niebla. Visitamos la tumba de Elías Valiña, párroco de O Cebreiro, que en los años ochenta dio un gran impulso al Camino y a quien, se rumorea, va a suceder Jaime.

La queimada de la cena es un éxito. Se han añadido muchos peregrinos. El oficiante va recitando el tradicional conjuro de meigas, demonios y demás representantes del Mal mientras la va probando, llamas incluidas, hasta que está en su punto. Jaime se pone morado. Es curioso, no le gusta el vino tinto pero lo que es el vino blanco y el orujo...

Nos llama Javier para decirnos que sus pies no mejoran y que prefiere volver a Barcelona. Es una lástima porque realmente le hacía mucha ilusión. Comprendo perfectamente su estado de ánimo.

Bajo los efectos de la queimada dormimos como ángeles. Ha sido una etapa dura, intensa, muy gratificante.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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