Diário "Esa Extraña Pareja"

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Día l3. Vergen del Camino - Hospital de Orbigo
Jaime Figueras e José Mari
Muy buen tiempo. Tomo la variante de Villar de Mazarife para evitar el andadero de la ruta tradicional que pasa por Villadangos del Páramo. Los primeros kilómetros parecen montañas rusas debido a las obras de la nueva autopista. En un desmonte me autorretrato, es decir, retrato mi sombra en el talud.

Después de Oncina de Valdoncino la pista transcurre por una pradera inmensa moteada de robles. La tierra del camino es de un color marrón rojizo intenso. El sol todavía bajo y amarillento acentúa todos los colores. Estoy solo en el páramo. Pedaleo muy lentamente para aprovechar al máximo este rato mágico. Es uno de los paisajes que mas me ha gustado de todo el Camino.

Alcanzo a Jaime en Chozas de Abajo y logro que se monte en mi bici y recorra unos cientos de metros. Le gusta. Me cargo su mochila y vuelvo a experimentar las sensaciones típicas del peregrino caminante.

Llego a Villar de Mazarife, todavía dormido, y me encuentro los tres bares del pueblo cerrados. Por lo que me dice una vecina solitaria nunca abren, cuando abren, antes de las diez. Es el eterno problema de los desayunos en Castilla y León. Llega Jaime y a la salida del pueblo conseguimos desayunar en el Mesón Rosy al lado de un taller de forja. Aun no les ha llegado el pan y nos tenemos que conformar con galletas. Son galletas Fontaneda que nos sirven en apoyo de sus paisanos empleados en esa empresa con problemas.

Sigo hacia Hospital de Órbigo por una recta interminable a través de una zona de regadío interrumpida de vez en cuando por grupos de álamos que en verano deben estar muy concurridos. En Villavante veo el depósito municipal de agua con forma de nave espacial a punto de aterrizar.

Por fin llego al puente románico de Hospital de Órbigo, el más famoso del Camino, donde en el año 1434 don Suero de Quiñónes, caballero leonés, se marcó la chulada del "passo honroso". Tomo las fotos obligadas y al poco rato llega Jaime sudoroso y sediento. Nos tomamos un tanque de cerveza en La Encomienda, el bar restaurante "top level" del pueblo; patio porticado, sillones de mimbre y música clásica de ambiente.

El albergue municipal está en una casona antigua de dos plantas con el típico patio interior porticado de suelo empedrado y pozo . La hospitalera es una joven antropóloga italiana que está preparando su tesis doctoral sobre los peregrinos a Santiago. Los alemanes, ¡ como no ¡ ya se están duchando. Sorprendentemente el "mal carat" nos obsequia con un amistoso saludo.

Comemos de tapas y después de hacer la colada nos damos un agradable baño de pies en el río. Al salir de misa una tormenta de verano nos hace cruzar el puente a todo correr. Cenamos, por todo lo alto, en el restaurante de La Encomienda; un entrecot buenísimo con abundante guarnición y de postre una crema de piña al cava. Vino de El Bierzo.

En el refugio se hospeda uno de esos personajes enigmáticos del camino. En este caso una alta y escultural chica vasca totalmente vestida de negro que según me cuentan otros peregrinos no habla con nadie, deja los albergues en plena noche y anda como una flecha. Me recuerda a la misteriosa mujer que encontramos el año 2000 vestida como la Sra. Ingels de "La Casa de la Pradera", pamela incluida, que no nos atrevimos a fotografiar. Siempre nos hemos arrepentido. La buena cena nos depara un sueño feliz.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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