Diário "Esa Extraña Pareja"

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Día 10. Terradillos de los Templários - Calzadilla de los Hermanillos
Jaime Figueras e José Mari
Por consejo de Jacques, que ha pernoctado con nosotros, optamos por esta variante para evitar la probable concentración de peregrinos en Burgo Ranero, final de etapa tradicional. No ha sido fácil descifrar el nombre de Calzadilla de los Hermanillos pronunciado por Jacques.

Salgo de Terradillos con mucha niebla pero con menos frío que en estos últimos días. Me cuenta Jaime más tarde que, para no perderse por la niebla, ha seguido al revés las marcas que llevan al peregrino desde la entrada del pueblo al albergue con la intención de retomar el camino. Al cabo de un buen rato se ha dado cuenta que estaba volviendo a Carrión. No lo puedo dejar solo.

A la altura de San Nicolás ( del Real Camino por supuesto ) paso a Ana, la oftalmóloga brasileña que siempre tiene frío. Va con anorak y guantes. Cruzo el límite de Palencia y entro en León pasando por el monolito en el que nos fotografiamos hace dos años.

Al llegar a Sahagún, conocida como la capital del románico pobre por el empleo del ladrillo de barro en vez de piedra, se disipa por fin la niebla y sale un sol reconfortante. Encuentro a Jaime desayunando en la Plaza Mayor y me apunto a las tostadas con mantequilla y mermelada, un auténtico lujo en el Camino. Vemos pasar al cuarteto alemán en perfecta formación. Según nos cuenta Fernando, un madrileño plasta muy amigo de Jaime, tienen la mala costumbre de levantarse a las cuatro de la mañana incordiando al resto de durmientes.

Jaime reemprende la marcha y yo me quedo un rato para comprar rollos de fotografía y la prensa del día. Este es un tema, la prensa, que tiene martirizado a Jaime que prefiere no enterarse de lo que pasa en el mundo mientras hace el Camino. Alcanzo a Jaime, que se ha encontrado con Jacques, en Calzada del Coto en cuyo albergue, de infausta memoria, pasé la " larga noche " en solitario hace dos años.

Tomamos la variante de la antigua Vía Trajana, absolutamente desierta. Es una llanura perfecta salpicada de grupos de robles. Pocos kilómetros antes de Calzadilla aparece un espejismo, un chalet con jardín y piscina. Me paro a esperar a Jaime tomando el sol recostado en la verja del jardín. Tengo la sensación de estar solo en el mundo. Estos ratos los aprovecho para ir leyendo la guía, tomar notas para la crónica, comprobar el saldo de la caja comunitaria etc.

Aparecen por fin en la lejanía los tejados de Calzadilla. Al entrar en el pueblo solo me saluda un perro somnoliento, aparentemente no hay nadie mas. El albergue ocupa la planta baja del edificio de la antigua escuela. Está diseñado a base de módulos de madera de cuatro plazas en literas. De momento estamos solos.

La hospitalera me persigue para que le compre lotería de la Cruz Roja y lo hago. En Burgos no la hubiera comprado pero aquí, en este rincón del mundo, parece obligado hacerlo. Jacques nos invita a tomar una cerveza en el único bar del pueblo que abre cuando llegamos. Jaime y yo nos quedamos a comer; lomo con patatas y ensalada.

Al volver al albergue nos encontramos con un chico de Indiana (USA). Nos cuenta que cuando acabe el Camino va a entrar en un seminario benedictino de su estado. Habla un español muy correcto. También ha llegado una chica flamenca con un cachorro que le han regalado al que llama " Camino ".

Pasamos una tarde apacible y soleada haraganeando por el pueblo semidesierto. Según Jacques hay mas tractores que vecinos. Jaime ya casi tiene superada la llaga de su talón. Invitamos a Jacques a cenar en el mismo bar del mediodía; spaguettis con tomate y una enorme y sabrosa tortilla de patatas. El día se acaba con una espectacular puesta de sol en la llanura. Dormimos solos, dueños y señores del albergue. Hemos acertado siguiendo el consejo del jubilado marino francés.

 
Enviado por Jaime Figueras.
 
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