Albergue de Peregrinos
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Para conocer un poco mejor Tomás
Miguel Ángel Tranca - Diario de León
"Su vocación nace precisamente de haber recorrido el Camino de Santiago y de haber vivido toda su esencia.”

Confiesa que fue una llamada espiritual la que le llevó a dedicarse a hospitalero y desde hace ocho años predica con el ejemplo en el refugio de Manjarín. Caballero Templario como sus compañeros de aventura Ramón y Miguel, su mejor satisfacción es poder dar posada al peregrino en pleno camino. Luchador como pocos, Tomás Martínez antepone su fuerza de voluntad a cualquier contingencia, e incluso a los desplantes.

Sabe que siendo honesto vivirá bien consigo mismo, y con los que acoge.

El mejor sustento de cuerpo y espíritu Tomás Martínez lleva ocho años ayudando y dando cobijo en Manjarín al peregrino hacia Santiago.

Refugios y albergues en el Camino de Santiago existen en un buen número, pero pocos como el de Manjarín. Desde el 27 de junio de 1993, Año Jacobeo, Tomás Martínez es el encargado de prestar ayuda y cobijo a los miles de peregrinos que año, tras año hacen parada en el alto. Y allí, en un lugar casi desierto donde sólo la compañía de un vecino, de sus perros (envenenados hace unos días por alguien impuro de espíritu como él confiesa), de sus gallinas y de sus ocas, se dedica a prestar ayuda al que la necesita.

Nunca cierra las puertas a nadie e incluso cada llegada es acompañada de un tañir de campana. «Se toca a gloria y suena como el saludo a Cristo para que empuje al peregrino al Camino», apunta Tomás que desde hace tiempo tiene la ayuda de dos compañeros del Círculo Templario, como él les llama, «los cabálleros Ramón y Miguel».

Su vocación nace precisamente de haber recorrido el Camino de Santiago y de haber vivido toda su esencia. De ahí su adiós a Madrid y a su trabajo para trasladarse a Manjarín y allí, predicando con la pobreza, ayudar al peregrino a camino de Santiago.

Precisamente esa pobreza de medios le lleva, como él apunta, a arreglarse con apenas 9.000 pesetas al mes para vivir y cuidar el refugio.

«Vivimos de los donativos que nos dan voluntariamente los peregrinos y de un pequeño huerto. También de alguna que otra ayuda. Gran parte de todo eso se nos va en comida que compartimos con el peregrino. El resto, si queda algo, se reinvierte en el refugio».

No se cansa de decir que por mucho que se le ataque o descalifique él seguirá al pie del cañón, «porqué lo mío es espiritual y eso resiste a cualquier ataque». Aunque ha tenido sus días buenos y malos Tomás nunca ha cerrado la puerta a nadie «sólo a dos hijos de satanás con carnet». Lleva a cuenta cuantos peregrinos han pasado por el refugio, tanto para quedarse un día a descansar como para sellar la credencial (15.000) y también los que llama auténticos peregrinos de los turistas «por sus actos y cómo visten se sabe si hacen el Camino como se debe o de una forma más superficial, aunque todos tienen cabida aquí».

Su vida en Manjarín tiene así innumerable anécdotas, la mayor parte de ellas buenas y una que guarda con especial recuerdo y que sólo a los amigos y a aquellos peregrinos a los que considera buena gente se la cuenta.

«Precisamente fue un día que nos habían adulterado el agua de la fuente llenándola con basura y salamandras. Harto de tanta injusticia decidí cerrar el refugio. Era el día 19 de julio de 1999 y había cuatro personas levantadas y otras trece durmiendo. Yo había salido y al volver me habían dicho que una mujer que había a las doce de la noche había pedido refugio y se lo habían dado. La primera sorpresa fue cuando se dirigió a un hombre con problemas psicológicos y tocándolo le curó. Yo no lo había visto pero a la mañana siguiente salí al campo y la ví danzando descalza al sol. Fue maravilloso. Pero lo mejor no había pasado. Precisamente ese día, con tanta gente, todos estábamos más tranquilos. Yo quise saber de aquella mujer y cual fue mi sorpresa cuando descubrí que había iniciado el Camino en Jerusalén el día de Navidad. Eso y la aureola que irradiaba fue algo mágico que aún hoy recuerdo, más si más tarde un amigo me trajo una espada templaria y una imagen de la aparición de la Virgen en El Escorial.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando ví su rostro y éste coincidía a la perfección con
el de la citada peregrinas. Es un recuerdo de los muchos que guarda Tomás con esmero en un refugio rehabilitado por él para confort de los miles de peregrinos que a pesar de su aparente humildad encuentran un espacio para reponerse del cansancio».

Tomás Martínez es la viva imagen de el verdadero hospitalero, de una persona corriente con la que es gratificante hablar, en suma, de un hombre rico en espíritu para el aun ayudar al prójimo es su mayor orgullo.

Reportaje publicado en el Diario de León
Autor: Miguel Ángel Tranca

 
Enviado por Acácio da Paz
 
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