Albergue de Peregrinos
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El hospitalero justiciero
Um Peregrino

Con cierta frecuencia se encuentra uno en el Camino con hospitaleros que tienen mucho interés en hacer las cosas bien, en impartir justicia y poner de una vez en orden a los peregrinos. Son personas que con la mejor voluntad, esto no hay por que ponerlo en duda, recuerdan muy vivamente su experiencia del Camino y los problemas que durante su peregrinación encontraron y tienen como objetivo salir al paso de esos problemas.

En el camino vieron que muchos peregrinos abusaban de la hospitalidad y, desplazándose en autobús o en coche de apoyo, llegaban primero a los albergues copaban todas las camas y dejaban en la calle o en el suelo a los verdaderos peregrinos. Cuando llegan a ser hospitaleros tienen muy claro que eso no puede ocorrir y deciden controlar a todo el que llega y verificar la verdad de los dados de su credencial, vigilar el barro de las botas, la cara de cansancio, el sudor de su espalda… cada peregrina que llega es un presunto estafador al que hay que desenmascarar, al que hay que interrogar, al que hay que vigilar para que nadie se la pegue.

También recuerdan de su camino que los peregrinos de determinado país, el que sea, eran los más tacaños e la hora de dejar donativos en los albergues y se hacían los amos de la cocina, así que cuando llega un peregrino de ese país se pone en guardia y le miran con especial ojeriza. Tal vez recuerdan las molestias de los peregrinos que madrugaban mucho y molestaban a los que querían seguir durmiendo, así que cierran el albergue a cal y canto hasta la hora que ellos creen que el verdadero peregrino debe salir temprano y caminar con la fresca, así que mucho antes de que los gallos levanten el párpado les enchufan a los peregrinos una buena racíón de música de marchas militares prusianas para espabilar a todos y se dan una vueltecita con la escoba por los dormitorios para ¨animar ¨a marcha a los rezagados.

Movidos por este deseo de limpartir justicia, estos hospitaleros acaban convirtíéndose en algo molesto para los peregrinos y lejano de cualquier ideal de hospitalidad. Y es que a la hospitalidad no se puede ir a impartir justicia, a ¨desfacer todos los entuertos¨que uno encontró en su camino.. A la hospitalidad se vá, sobre todo, a ofrecer misericordia, servicio. Si de paso consigues arreglar algunos problemas, magnífico. Pero no puedes pensar que vas a un albergue a enseñar a todos a hacer las cosas bien y a convertirte en una especie de detective que ve a todos como sospechosos de ser ¨listillos¨que intentan pegársela al hospitalero, así te amargarás la vida y se la amargarás a los demás, Y de todos modos, te la pegarán.
H.V

( Tomado del Boletin de Hospitaleros Voluntários, n:12 )
Copilado da revista Peregrino.
Enviado por Acácio da Paz
 
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